
1.- Soy miope de nacimiento, con manifestación a los 8 años de edad. La simpática novedad de llevar gafas pronto se tornó en tortura (yo lo que verdad quería era llevar aparato dental). Aquella etapa de gafas feas (no como ahora) me convirtió en una paria fea y asociado al punto 2 en una adolescente con complejos y problemas. Esto se arregló parcialmente con el advenimiento de las lentillas.
Sin embargo no era suficiente, y rece o deseé un milagro que me devolviese una vista de águila. Hubo respuesta. No a mis plegarias sin embargo, sino a mis deseos: la ciencia médica me trajo la solución: cirugía láser (¡porqué no lo hice antes!) El milagro se había obrado; veía las etiquetas del campú al ducharme. Al despertar y acostarme veía el despertador. Abría los ojos en plena noche y no necesitaba ir a tientas. Playas y piscinas cobraron un nuevo sentido para mí porque podía bañarme sin preocuparme de las putas lentillas. Mil ventajas que todos los ex-miopes comprenderéis bien.
2.- Soy pelinegra de piel blanquísima. Cualquier pelo fuera de sitio se me ve a kilómetros. Y mi prepubescencia fue jodida. Con una madre anti glamour ajena a estos problemas, carecía de guía que me ayudase a pasar esta etapa de crisis estética sin medios ni conocimiento. Recuerdo vagamente vergüenzas y descartes sociales para ocultar mi condición pilosa. Crecí. Cree independencia y sabiduría. Controlé el problema. Y de repente ¡milagro! algo sucedió: Me quedé calva de piernas, brazos y axilas. Explicación: embarazos. Hubo alguna revolución hormonal que por una vez obró en mi favor. En la gestación perdí pelo y gané un número de pie. Trato justo.
Una vez más el milagro lo ha obrado lo tangible: mi propio cuerpo y su bioquímica me ha dado ese gusto.
3.- Sigo esperando. Este es mucho más abstracto y personal. Verán, me cuesta explicarlo. Es sobre mi cerebro. Desde enana he tenido la idea de que lo que pienso y puedo es mucho más grande de lo que manifiesto. ¿Que pasa pues? ¿Que me impide plasmar mi actividad cerebral? No lo se. Pero soy de esas de las que piensan mucho mejor de lo que expresan.
Solución milagrosa: Un buen ataque cerebral, a modo de ictus, tumor, whatever, que libere ese área oprimida de mi cerebro. Esto si que sería un milagro.
Si sucede de repente, creere en dios hasta que alguien con argumentos me demuestre lo contrario.

Un beso a quien me lea. Una foto tonta para ilustrar: Es guapa, es lista, ve bien y no tiene pelos.